Hoy jueves, llegué
entusiasmada a la clase “movimiento creativo 2”. La primera sesión acerca de
esto me había gustado mucho así que tenía expectativas muy altas. Escuchamos a
la profe Erna contarnos un poco acerca de temas de notas, trabajos por hacer, plazos
para entregarlos, en fin, aspectos netamente acerca de la asignatura.
Antes de partir con cualquier
actividad, a la profe se le ocurrió la brillante idea (y esto no es ironía) de
preguntar si había alguien en la sala que estuviese con algún dolor físico o
lesión…. Y, para mi terrible decepción, recordé que horas antes me había ido a
vacunar, por lo que mi brazo izquierdo tenía una movilidad reducida.
Tristemente le dije a la profe lo que pasaba y con mi comentario, otros
compañeros se unieron a mis causas de dolor. Cuando ella notó que no éramos una
cantidad mínima, su creatividad y espontaneidad salió al rescate. Nos apartó
del resto, os hizo salir de la sala y una vez fuera de ella, nos contó su plan.
Dijo que teníamos una misión: debíamos ir a su oficina, buscar lo que nos
llamara la atención y transformarlo en un instrumento.
Al momento en que mis
compañeros hayan ya finalizado la actividad, nosotras (puras mujeres,
coincidentemente) debíamos entrar en
silencio y comenzar a tocar alguna melodía que hubiésemos ensayado previamente.
Yo, muy decepcionada de no poder participar de la clase, dejé mi pena atrás
para intentar hacer (otra vez) un gran esfuerzo para tocar u instrumento. Nos
dirigimos con mis compañeras a la oficina de la profe Erna, mientras mis
compañeros estaban en la sala comenzando a vivir otra experiencia, esa que no
quedará guardada en mi memoria. Una vez
adentro, comenzamos a darle rienda suelta a nuestra curiosidad y, mirando, abriendo
y cerrando lo que encontrábamos a nuestro paso, hallamos algunos instrumentos
de percusión y también algunas cajas, papeles y palos, que pensamos, nos podían
servir.
Entre risas y muchas tallas
nos decidimos a comenzar con la improvisación. Ninguna tenía grandes
conocimientos acerca de los instrumentos o la música, así que apelamos a
nuestra coordinación y ritmo (¿y yo? Bueno lo intenté). Como casi todos los
instrumentos eran de percusión, los “sonidos parecidos” fueron agrupados y así, una a una tocando su instrumento, para
que cada sonido pudiese ser escuchado y oído por todos. Yo debía tocar un
CÍMBALO, instrumento que suena durante largo tiempo después de haber sido
tocado. Realmente era mágico, me podía perder tratando de averiguar cuanto
duraba el sonido que emitía. Después de unos cuantos ensayos, fuimos a la sala donde estaban todos. La profe
nos hizo entrar, observamos dos danzas maravillosas que interpretaron mis
compañeros. Una de ellas era lenta y silenciosa, la otra muy movida, expresiva
y libre. Me encantó ser el público esta vez. Pero teníamos nuestro protagónico:
cuanto terminaron la actividad, mis compañeros se recostaron en el suelo,
cerraron los ojos y nosotras les dimos el ambiente para la relajación perfecta.
¡¡¡Esto sí que era un trabajo en equipo!!!
¡Así suena el címbalo! :)
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